Recuerdo…

Recuerdo un día, en que alguien de mi equipo tenía un problema y no me lo contó. Percibí que algo le pasaba, así que le pregunté, contestó con evasivas y el día siguió su curso normalmente. Finalmente me confió las circunstancias difíciles que estaba viviendo, y si bien no recuerdo cuánto ni qué pude hacer por esa persona lo que si recuerdo perfectamente es que estuve muy cerca de dejar de ser de su líder… porque cuando tu equipo no te confía sus problemas y eres quien está a cargo, dejas de ser su líder. Una mirada sincera, un oído atento y un corazón dispuesto a ayudar acortan las distancias y fortalecen (o crean) el liderazgo.